Un museo o un teatro no son solo edificios. Son patrimonio, actividad y experiencia. A menudo, son obras de arte en sí mismas que custodian otras expresiones culturales, temporales o permanentes. Esta realidad convierte el Facility Management en una disciplina especialmente compleja y estratégica dentro de los espacios culturales.
Esta fue una de las ideas centrales de la jornada organizada por la Asociación Catalana de Facility Management (ACFM) en el Gran Teatre del Liceu, que reunió a Isaac Martín (Gran Teatre del Liceu), Rosa María Sánchez (Museo Picasso), Xavier Abelló (MNAC) y Alejandro Novella (Serveo), bajo la moderación de Josep Ortí, vicepresidente de la ACFM.
Al encuentro asistieron cerca de cuarenta profesionales del sector, que posteriormente pudieron disfrutar de una visita guiada a las instalaciones del teatro.
La jornada se enmarca en el camino hacia el 1.º Congreso de Facility Management Barcelona 2026, que tendrá lugar los días 25, 26 y 27 de noviembre en el Recinte Modernista de Sant Pau, organizado por la ACFM.
Del mantenimiento a la estrategia
La figura del Facility Manager ha evolucionado de forma notable durante los últimos años. Xavier Abelló lo resumió con una frase significativa: «Hemos pasado de infraestructuras y mantenimiento a servicios generales» .Un cambio que refleja la evolución de una función tradicionalmente operativa hacia un papel cada vez más estratégico y transversal.
Isaac Martín explicó que en el Liceu «el Facility Management forma parte del propio plan estratégico de la organización y la tecnología ha introducido el FM en muchos espacios culturales». Por su parte, Alejandro Novella destacó que la democratización de los espacios culturales, las experiencias inmersivas y la incorporación de nuevas tecnologías han incrementado la complejidad de los equipamientos y, con ella, las responsabilidades de los equipos de Facility Management.
Rosa María Sánchez añadió que «los constantes cambios que se producen en estas instalaciones solo son posibles desde una visión transversal de la organización, donde el Facility Management participa directamente en la consecución de los objetivos de la institución».
Espacios singulares
La singularidad de los equipamientos culturales fue uno de los grandes consensos de la jornada. No se trata solo de mantener edificios, sino de preservar patrimonio, garantizar la actividad y asegurar una experiencia de calidad para los usuarios.
«Los Facility Managers somos muy importantes, pero no importamos», afirmó Xavier Abelló, reivindicando una profesión que a menudo solo se hace visible cuando algo falla. También defendió la importancia del mantenimiento preventivo y la necesidad de priorizar la funcionalidad de los espacios, un aspecto que con frecuencia queda relegado frente a la visión artística de los proyectos arquitectónicos.
En el caso de los museos, la complejidad es aún mayor. Rosa María Sánchez recordó las dificultades de gestionar edificios históricos sometidos simultáneamente a exigencias normativas, limitaciones presupuestarias y necesidades de conservación patrimonial. «Las instalaciones no son como el buen vino, no mejoran con los años», señaló.
En el Liceu, los condicionantes son diferentes, pero igualmente exigentes. «La actividad del teatro limita y delimita el trabajo del FM», explicó Isaac Martín. Ensayos, montajes y representaciones conviven de forma permanente y condicionan cualquier actuación técnica. A ello se suman las necesidades de inversión propias de un edificio que ya acumula casi tres décadas de funcionamiento.
Menos datos, pero con más valor
La digitalización ocupó una parte destacada del debate. Los participantes coincidieron en que el reto ya no es disponer de más tecnología, sino identificar qué herramientas aportan un valor real a la gestión.
Isaac Martín advirtió que la proliferación de soluciones digitales obliga a seleccionarlas con criterio para evitar que terminen generando más carga que beneficios.
Alejandro Novella situó el foco en la calidad de la información: «¿Cuáles son los datos que realmente aportan valor?» .Según explicó, el futuro pasa por integrar herramientas, aprovechar el potencial de la inteligencia artificial y trabajar con datos fiables y bien capturados, sin perder de vista que muchos servicios siguen teniendo un fuerte componente humano.
Josep Ortí recordó que esta transformación no es solo tecnológica. «Necesitamos recursos diferentes, cambios culturales y administrativos» .Según destacó, la digitalización exige adaptar también las organizaciones y sus formas de trabajo.
El proveedor de servicios, un partner estratégico
La relación con los proveedores fue otro de los temas destacados de la jornada. Los participantes coincidieron en que los proveedores deben dejar de ser simples ejecutores de servicios para convertirse en aliados estratégicos de las organizaciones. «Los proveedores podemos hacer que el servicio evolucione», afirmó Alejandro Novella.
Desde la perspectiva de los equipamientos, Xavier Abelló reclamó experiencia y compromiso compartido, mientras que Rosa María Sánchez puso en valor la especialización de los equipos y la baja rotación del personal como factores clave para garantizar la calidad del servicio.
También se abordó la complejidad de los procesos de contratación y las dificultades que a menudo generan en equipamientos con actividad continuada, donde cualquier interrupción tiene un impacto directo sobre el funcionamiento de la organización y la experiencia de los usuarios.
Conclusiones
La jornada puso de manifiesto que el Facility Management vive una etapa de profunda transformación: más estratégica, más transversal y más alineada con los objetivos de las organizaciones que nunca.
Los espacios culturales representan uno de los entornos más exigentes para los profesionales del sector. Preservar patrimonio, garantizar la actividad, incorporar tecnología, gestionar recursos limitados y responder a las expectativas de los usuarios obliga a combinar conocimiento técnico, capacidad de gestión y visión estratégica.
Porque gestionar un museo o un teatro significa mucho más que gestionar un edificio. Significa preservar obras de arte que, a menudo, habitan dentro de otras obras de arte.